domingo, 22 de marzo de 2015

Un tratamiento que hace modelos únicos

Envejecer, no envejecer... ¡Qué dilema!

Esta Montaña es el primer modelo de plástico que apareció en el taller para maquillaje.

La mayor parte de los aficionados que me confían sus modelos, ha visto de cerca locomotoras de vapor en activo. En sus recuerdos no están nuevas, repintadas después de las fotos oficiales de los fabricantes o impolutas tras pasar una gran revisión. En las conversaciones, siempre se  habla de marcas de intemperie tras un viaje acabado, derrames de combustible, agua o restos de la carga de carbón, “polvo del camino” al paso por alguna estación… en fin sucias, siempre sucias. Estas huellas gustan a casi todos los aficionados al tren.

Montaña RENFE 241-2224 (IBERTREN)




 Su dueño recordaba la montaña sin la omnipresente raya roja lateral y era lo primero que debía desaparecer.



Mikado RENFE 141f-2410 (Electrotrén)


Estas dos vistas muestran el inicio del proceso y lo que finalmente disfruta el coleccionista.



Este acabado aparta la locomotora del "listo para rodar" para ser "la máquina de..."

Montaña RENFE 241f-2238 (Metal blanco y latón. Model Loco-ATF)



No se puede decir que este modelo acaba de salir de la mesa de un  modelista. Llega de "trabajar".
Ex. Norte 1400. RENFE 140-2315. (Latón. Mifertrenes).



El coleccionista J.S. afirma que a los modelos envejecidos se les ve más el detalle.
Esta locomotora "recien estrenada" lo demuestra.
Ex. Triano Nº 13. RENFE 130-0201 Pucheta. (Latón. Miniaturas LaCalle)



Un modelo "sucio" siempre será diferente a cualquiera de la serie. 

Aunque las tareas de envejecido siempre han estado presentes en muchos de los modelos que llegan para pintar, reparar, transformar… no había venido nunca un grupo de locomotoras solo para esto y mucho menos modelos comerciales de plástico (Ibertren y Electrotrén). El resultado, como en los americanos, lo personaliza por completo y lo hace único entre todos los que forman la serie, sea esta de plástico numerado o metal construido por encargo.

Curiosamente, no he visto en los múltiples reportajes sobre trenes recuperados que aparecen en internet, locomotoras envejecidas. Al contrario, siempre aparecen limpias, brillantes y pulcras. El servicio prestado en cada viaje y el trasiego en la preparación les aporta un ligero toque de uso, pero nada más.

Imaginen:
 ¿Qué familia, de turismo, se iba a montar en un tren con una locomotora cochambrosa que te mancha “los trapitos de cristianar” al menor roce?
 ¿Cuántos aficionados conseguirían arrastrar a sus parientes, si en cabeza del tren en que van de excursión, está una máquina grasienta, negra, llena de restos de carbón con pinta de haber trabajado lo suyo?



La penitencia de un buen rato de frotar y frotar solo se admite, sin queja, entre aquellos dispuestos a todo por sentir el vapor y sus consecuencias.

El placer del vapor en estado puro se queda para los aficionados al vapor vivo y los que pierden el miedo a la suciedad… en miniatura.